En el post anterior les conté mis primeras impresiones sobre los barrios donde vivimos, pero la verdad es que un mes en esta ciudad no es suficiente para terminar de conocerla. Buenos Aires tiene esa mezcla de nostalgia y vida vibrante que te atrapa, y aunque ya recorrimos lo más famoso, todavía nos quedaban varios pendientes en la lista de qué hacer en Buenos Aires. Esta vez decidimos salirnos un poco de los circuitos más tradicionales de Palermo o San Telmo para explorar los alrededores y algunos rincones que, aunque son conocidos, tienen una mística diferente.

Desde visitar estadios históricos hasta perdernos en los canales del Delta, aquí les dejo el resto de nuestra experiencia por estas tierras porteñas.

Avellaneda y el cementerio de Chacarita: Entre fútbol y leyendas

Estadio de Racing de Avellaneda
Estadio de Racing de Avellaneda

Si hay algo que define a este país es el fútbol, y no podíamos irnos sin acercarnos a Avellaneda. Cruzar el Riachuelo te hace sentir que entras en otro mundo. Visitamos por fuera los dos estadios que están literalmente a una calle de distancia: el de Racing y el de Independiente. Es una locura pensar en la rivalidad que se vive ahí teniendo las canchas tan pegadas. Para llegar desde el centro, lo más fácil es tomar un colectivo (como el 10, el 17 o el 22) que te deja en la zona en unos 30 o 40 minutos, dependiendo del tráfico porteño que siempre es una lotería.

Estadio de Independiente de Avellaneda
Estadio de Independiente de Avellaneda

Otro plan que teníamos pendiente era el Cementerio de la Chacarita. A diferencia del de Recoleta, este se siente mucho más local y menos «museo». Fuimos específicamente para visitar la tumba de Gustavo Cerati, que para nuestra sorpresa es bastante austera y difícil de encontrar, está exactamente en Se encuentra exactamente en la Galería 32, dentro del Panteón Nuestra Señora de la Merced. Es un lugar sencillo pero lleno de flores y mensajes de fanáticos de toda Latinoamérica. En este mismo cementerio está la tumba de Carlos Gardel, recuerden que algunos dicen que nació en Montevideo y otros en Toulouse, pero se sabe que es ídolo en Argentina, su monumento es mucho más icónico y majestuoso.

Para llegar desde el centro al cementerio, la mejor opción es el Subte (línea B) hasta la estación Federico Lacroze, que te deja justo en la entrada, más allá de eso, el barrio es sencillo y sin mucho más qué ver.

La Floralis Genérica y el dilema de Recoleta

Caminando por la zona de las Naciones Unidas nos encontramos con la Floralis Genérica. Es esa escultura metálica gigante que abre y cierra sus pétalos según la luz del sol. El parque que la rodea es perfecto para sentarse un rato a ver la gente pasar, muy al estilo de los parques que tanto disfrutamos en Melbourne o Canadá.

Floralis Generica en Buenos Aires
Floralis Generica en Buenos Aires

A unos pasos está el barrio de Recoleta. Caminamos por sus calles elegantes, pero cuando llegamos al famoso cementerio, nos llevamos una sorpresa con el precio. Para los extranjeros, la entrada cuesta alrededor de 10.000 pesos argentinos (unos 10 USD aproximadamente). Comparado con otros planes gratuitos en la ciudad, nos pareció un poco costoso, así que decidimos saltarnos el ingreso y seguir caminando hacia el Museo Nacional de Bellas Artes, que está ahí mismo y tiene entrada gratuita para residentes y precios más cómodos en general.

Sabores del Barrio Chino y una parrillada inolvidable

El Barrio Chino, cerca de la estación Belgrano C, se convirtió en uno de nuestros sitios recurrentes. Fuimos un par de veces por la noche porque el ambiente con las luces y los arcos de entrada es genial. Caminamos por el pasaje peatonal y nos dejamos tentar por la gastronomía callejera. Probamos los famosos perros calientes coreanos (que vienen con queso y a veces cubiertos de trozos de papa frita) y unos onigiris en un sitio llamado Tako Yaki; todo estaba buenísimo y a buen precio

Sin embargo, no todo fue comida asiática. Una noche buscábamos algo más tradicional y terminamos en La Anita, un restaurante donde cenamos una parrillada argentina espectacular. Como ya les había comentado antes sobre los precios en otros países, aquí en Argentina, aunque la inflación es un tema serio, para nosotros como viajeros sigue siendo posible comer muy bien sin gastar una fortuna

Puerto Madero: Un clásico nocturno

No podíamos dejar pasar la oportunidad de ir a Puerto Madero de noche. Es la zona más moderna de la ciudad, creo que es el distrito financiero y se nota. Solo caminar junto a los diques con los edificios iluminados de fondo es un gran plan. Cruzamos el Puente de la Mujer, que es la postal obligatoria, y terminamos la noche como se debe: con una cerveza y un choripán «barato» en los puestos de la Costanera. Hay carritos adecuados con parrillas por toda la avenida y, sinceramente, tienen ese sabor auténtico que no encuentras en un restaurante elegante, lo bueno acá es que puedes ponerle todos los toppings que quieras y sentarte en las mesitas a comer tranquilo, eso sí, noté muchos mosquitos porque queda cerca al río.

Vista de Puerto Madero, Buenos Aires
Vista de Puerto Madero, Buenos Aires

Escapadas en tren: La Plata y Tigre

Uno de los grandes beneficios de Buenos Aires es lo fácil y barato que es moverse en tren a las ciudades cercanas. Un día decidimos ir a La Plata. El tren sale de la estación Constitución y el pasaje es sumamente económico. Fuimos un día festivo, por lo que la ciudad estaba algo vacía, pero eso nos permitió contemplar la Plaza Moreno y la imponente Catedral neogótica con total tranquilidad. Antes de llegar al centro, paramos en la República de los Niños; la entrada es gratuita y es un lugar curioso porque dicen que inspiró a Disney. Allí nos tomamos fotos con las estatuas de Mafalda y otros personajes de historietas argentinas. Para almorzar, elegimos el BAXAR Mercado, un espacio moderno con muchísima variedad gastronómica donde cada uno puede pedir lo que quiera.

Otro fin de semana tomamos el tren en Retiro hacia Tigre (línea Mitre). Es un viaje de una hora que te lleva directo al Delta del Paraná. Allí hicimos un tour en lancha por el río para ver las casas sobre pilotes, algo que me recordó un poco a los canales de Aveiro en Portugal, aunque con un estilo mucho más selvático y rústico. Caminamos por la orilla del río, pasamos frente al Museo de Arte (que estaba cerrado, una lástima) y llegamos hasta la Plaza del Reloj. El hambre nos llevó a Parrilla Humo, donde pedimos, por supuesto, una parrillada para compartir y cerramos la tarde con un par de Fernets, la bebida nacional por excelencia.

Tigre
Tigre

Buenos Aires es una ciudad de contrastes: de la modernidad de Puerto Madero a la tradición de Avellaneda, y de la paz del Delta al bullicio del Barrio Chino. Después de un mes aquí, me voy con la sensación de que siempre queda algo nuevo por descubrir.

Sobre el autor

Ingeniero de sistemas con más ganas de viajar que trabajar

¿Quieres apoyarme comprando mi libro?
https://autoreseditores.com/libro/33144/hernan-camilo-jimenez-garcia/bitacoras-de-un-viaje-en-cuarentena.html

También te puede gustar:

Dejar un comentario