Las Ramblas de Montevideo
En realidad sería una sola rambla: una gran avenida costera que recorre toda la ciudad bordeando el Río de la Plata. Empieza en el centro y se extiende kilómetros hacia el este, cambiando de nombre según el tramo. Lo bonito es que siempre tendrás, de un lado, el río con sus tonos marrones característicos y, del otro, edificios, parques y zonas residenciales.
Nosotros comenzamos por la Rambla Francia, muy cerca del Mercado del Puerto. Allí está la escollera Sarandí, una especie de muelle al que puedes caminar para acercarte un poco más al río. Fue aquí donde vimos una de las cosas que más me llamó la atención de Uruguay: la cantidad de gente pescando, como si el tiempo fuera otro. Hombres y mujeres sentados en sus sillas plegables, caña en mano, radio vieja sonando y, cómo no, su mate. El mate en Uruguay no es un cliché turístico: es literal. Todos, en cualquier momento y lugar, tienen su termo bajo el brazo y la calabaza lista para prepararse su “tecito” amargo.
Seguimos por la Rambla Gran Bretaña, que conecta con la anterior y te regala una de las vistas más abiertas del Río de la Plata. En este tramo hay varios puntos donde la gente se sienta simplemente a mirar el agua, conversar o leer. Me encantó porque no es un lugar de “turistas”, sino de montevideanos viviendo su rutina. Incluso vimos grupos de personas jugando al truco (un juego de cartas típico) en mesas improvisadas al borde de la rambla.
Más adelante está la Rambla Argentina, que ya empieza a mostrar un lado más residencial de la ciudad. Aquí el paisaje se mezcla entre edificios de apartamentos y pequeños parques con bancos frente al río. Si caminas lo suficiente, verás cómo la ciudad se abre y el tráfico disminuye. Es un tramo perfecto para ir en bicicleta o patines, ya que el carril es ancho y plano. También hay zonas con parrilleros públicos, algo que me pareció muy uruguayo: puedes traer tu carne y hacer un asado mirando al río.
Continuamos por la Rambla Gandhi, una de las más lindas para caminar al atardecer. Aquí las sombras de los árboles caen sobre la acera y hay tramos en los que el río parece infinito. Es un lugar muy tranquilo, ideal para hacer picnic o simplemente descansar. Desde aquí ya se siente que estás llegando a la zona de Pocitos.
La Rambla Perú es probablemente una de las más fotogénicas, y no solo por el paisaje: aquí están las famosas letras de Montevideo. Es el lugar clásico para tomarte la foto de recuerdo. Nosotros llegamos un día entre semana y, aun así, había fila para la foto. Si vas, intenta hacerlo temprano en la mañana o justo antes del atardecer, cuando el sol ilumina de frente las letras y el río se tiñe de naranja.

Pocitos: playa y deporte frente al río
Pocitos es un barrio residencial y, al mismo tiempo, una de las playas más populares de Montevideo. No esperes arena blanca ni mar azul, porque recuerda que esto es el Río de la Plata, pero el ambiente lo compensa todo. La playa es amplia, con arena fina, y hay canchas de fútbol playa y voleibol donde siempre hay partidos. Lo más curioso es que muchos de esos partidos parecen organizados por el barrio: la gente se conoce, se saluda, y los niños corren libres mientras los adultos juegan.
En la rambla que bordea Pocitos hay una amplia ciclovía, zonas para correr y gimnasios al aire libre. También varios cafés y heladerías perfectos para una pausa. Aquí se nota un Montevideo más moderno y activo, con edificios altos y gente joven haciendo deporte.
El Palacio Legislativo
Un día decidimos caminar desde el centro hasta el Palacio Legislativo, y fue una de las mejores decisiones del viaje. La distancia no es larga, unos 20 minutos a pie, y en el camino puedes ver un poco del día a día de la ciudad: negocios de barrio, panaderías y tiendas pequeñas.
El Palacio Legislativo es imponente. Su fachada de mármol y granito, con columnas enormes, te hace sentir que estás frente a un edificio europeo. Fue inaugurado en 1925 y es la sede del Parlamento uruguayo. Se pueden hacer visitas guiadas por dentro, que cuestan alrededor de 150 UYU (unos 4 USD) y valen mucho la pena, ya que el interior está lleno de detalles en mármol, vitrales y tallas de madera.
Incluso si no entras, solo verlo por fuera y dar la vuelta al edificio ya es impresionante. Está en una zona elevada, así que se ve desde varios puntos de la ciudad.

Plaza del Cerrito y la iglesia del Sagrado Corazón
Otro de nuestros días buscamos qué nos faltaba ver, Cata vio una iglesia muy particular que no está en muchas guías, Decidimos irnos caminando hacia el Cerrito de la Victoria, desde el centro es más o menos una hora caminando, un barrio que se llama así por la colina que hay en el centro. En lo alto está la Plaza del Cerrito, un lugar tranquilo, con bancos, árboles y una vista panorámica parcial de Montevideo.
Pero lo que realmente llama la atención aquí es la Basílica del Sagrado Corazón, también conocida como Iglesia del Cerrito. Es una iglesia enorme, de estilo neogótico, que se puede ver desde varios kilómetros de distancia. Su fachada está decorada con detalles en piedra y vitrales que brillan cuando el sol da de frente. Por dentro es igual de impresionante, con techos altos y un ambiente solemne. La entrada es gratuita y, si tienes suerte, podrás escuchar el órgano durante la misa.
La zona alrededor del Cerrito es muy tranquila. No es un lugar turístico tradicional, así que la visita se siente más auténtica. Es de esos rincones que te muestran que Montevideo es más que el centro, Pocitos y la rambla.


El Mirador en Montevideo
Una de las últimas cosas que hicimos en Montevideo, la encontró Cata buscando cosas diferentes para hacer en la ciudad. Encontró un mirador panorámico ubicado en pleno centro y que es gratis. Queda ubicado en la calle Soriano 1372. Es un edificio público y se puede entrar desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Está ubicado a 80 metros y realmente se puede ver casi toda la ciudad desde allí, una pasada obligada si están en la ciudad. Y si pueden ir a ver el atardecer es aun mejor


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