Antes del Wacken yo ya había estado en un par de festivales grandes. En Melbourne fui al Soundwave en 2015 y al Download en 2018, ambos de dos días, pero sin acomodación: al final de la jornada uno se iba para la casa y volvía al siguiente. En Bogotá soy fanático de Rock al Parque y he ido más de diez veces. Aun así, una de mis metas era ir a un festival grande en Europa, y para mí el Wacken era de los mejores y de los más deseados. Así que cuando hablamos con Cata sobre ir a uno, decidimos que ese sería nuestro objetivo para 2026.
En el post anterior dejé la guía práctica, con transporte, carpas y presupuesto. Esta vez quiero contar cómo fue nuestra experiencia en el Wacken como tal, día por día.
La llegada y el primer recorrido
Después de un par de días en Berlín y del trayecto en tren y bus, llegamos al Wacken el martes 28 de julio a eso de las 4 de la tarde. Como ya les conté, primero hicimos la fila en la que entregaban las manillas y ahí mismo hicimos la primera recarga. Luego fuimos a la zona de carpas, donde nos dieron el número de la nuestra.
Las bandas empezaban al día siguiente, así que esa tarde y noche la dedicamos a caminar por todo el terreno. Había puestos de comida, de bebidas, de merchandising y carpas de las marcas que patrocinan el evento. También había un mercado orgánico donde se podía comprar comida para prepararla uno mismo.
Lo que más nos llamó la atención fueron las otras acomodaciones. Algunas carpas personales tenían hasta paneles solares, algo muy conveniente, pero lo más impresionante eran las caravanas. Algunas eran complejísimas, había gente con carpas enteras solo para armar una sala de estar, prácticamente se llevaban la casa. También notamos que muchas personas iban en familia, incluso se veían bastantes niños, y eso nos pareció espectacular.


Baños, duchas y la mayor sorpresa del festival
Esa misma tarde fuimos a revisar el tema de los baños. Hay baños portátiles, de esos que se ven en las obras de construcción, repartidos por todo el terreno, y la verdad a ciertas horas, después de que los han usado muchas veces, pueden llegar a ser bien asquerosos. Pero también hay zonas especiales con sanitarios un poco más “normales” que limpian constantemente.
Como curiosidad, hay una empresa llamada Goldeimer que tiene unos sanitarios que no usan agua. Usarlos cuesta 2 euros, aunque a nosotros nos dieron un tiquete para una vez por haber alquilado la carpa. Al entrar le dan a uno un vaso que se rellena con aserrín. La taza está sobre una caneca enorme donde van cayendo los desechos, y uno echa el aserrín encima. Pensé que iba a oler muy mal, pero creo que el aserrín absorbe los malos olores.
La verdadera sorpresa llegó al día siguiente. Nos levantamos con un calor insoportable, porque en el verano europeo las mañanas pueden ser bastante calientes, y nos fuimos a bañar. Yo esperaba duchas individuales separadas por alguna pared, pero no: encontré a todo el mundo desnudo, bañándose uno junto al otro en duchas comunales. Me sentí en una cárcel de película. Yo soy muy pudoroso, así que me bañé en pantaloneta, y creo que fui el único que lo hizo. Cata se llevó la misma sorpresa en las duchas de mujeres.
Las tarimas del Wacken
Hay un detalle que no conté en la guía: llegué al viaje con una gripa horrible que me dio en Colombia antes de salir. No se me quitó, así que viví todo el festival con una tos que por ratos me dejaba sin aliento. Traté de darle la menor importancia, porque lo importante era estar allá y ver las bandas.
El miércoles abrieron la zona de las tarimas. Hay tres principales: Faster y Harder, que están prácticamente una al lado de la otra, y Louder, que es un poco más pequeña. Mientras una banda toca en Faster, en Harder ya están alistando la siguiente, así que casi no hay tiempos muertos. Además hay dos tarimas más pequeñas, la W.E.T. y la Headbanger, y otras dos para toques pequeños, Wackinger y Wasteland.

Miércoles: arranca la experiencia en el Wacken
El primer día de conciertos vimos bandas excelentes, algunas nuevas para nosotros, como Broken by the Scream y Visions of Atlantis. También vimos a The Gathering y a Hämatom, que cerró el día con un show espectacular.
La tarde fue igual de caliente, así que toca tener bloqueador solar y gorra a la mano. Lo bueno es que hay muchos puntos de agua, y al principio del evento regalan una especie de bolsita-botella para recargarla. Dentro de la zona de tarimas también se puede comprar cerveza, aunque yo no tomé mucho porque me sentía enfermo. Aun así disfruté el primer día al máximo.
Jueves: de Alien Ant Farm a Def Leppard
El jueves empezamos recordando épocas de colegio con Alien Ant Farm, que cerró con “Smooth Criminal”. Después fuimos a buscar almuerzo y a pasar un rato en la carpa, porque el sol del mediodía era insoportable.
El día lo cerramos con bandas ochenteras. Vimos a Europe, que nunca habíamos visto, a Savatage, de la que no teníamos muchas referencias, y a Def Leppard, una de las bandas favoritas de Cata, que ya habíamos visto en vivo en Vancouver.


Viernes: el día más largo
El viernes empezó movido con una banda que tenía muchas ganas de ver, tanto por su música extrema como por su puesta en escena: los checos de Gutalax. Tocaron en Harder a primera hora, cuando todavía no había tanta gente, así que nos pudimos acomodar bien y lo disfrutamos bastante.
Entre el almuerzo vimos otro par de bandas y después siguió otra de mis favoritas, Black Label Society, que al final hizo un homenaje a Ozzy tocando “No More Tears”. Luego fuimos a una de las tarimas pequeñas a ver a otra banda de mi top, Animals as Leaders. Fue una potencia espectacular, y creo que Cata se volvió fan después de verlos en vivo.
Y todavía faltaba. Vimos a In Flames, que ya habíamos visto en Rock al Parque, y a Judas Priest, que a pesar de los años siguen dándolo todo en el escenario. También a Emperor, que nos pareció gracioso porque el vocalista parece un oficinista pero conserva esa voz tremenda. Nos quedamos hasta la una de la mañana esperando a otra de las grandes, Sepultura, aunque, tal vez por el cansancio, no me pareció tan buen show.
Sábado: el cierre con Powerwolf y Sabaton
El sábado era el último día de conciertos. Vimos un rato de Orbit Culture para luego ver a Lamb of God y a Arch Enemy. Entre esas dos bandas vimos a Municipal Waste, una que tenía que ver sí o sí. Tocaron en una de las tarimas pequeñas, lo que ayuda a estar más cerca, y se vivió muy buen ambiente porque esa música se presta para el pogo.
Cerramos el festival con las dos bandas más esperadas, Powerwolf y Sabaton. El de Powerwolf en particular fue increíble: el vocalista transmite muchísima energía y la puesta en escena es impresionante. Lo malo es que las tarimas estaban a reventar y tuvimos que verlos desde lejos, y como en Europa todo el mundo es más alto que nosotros, terminamos viendo prácticamente solo las pantallas.
Al final nos tomamos un par de polas para celebrar el gran festival que habíamos vivido. Ese día ya me sentía un poco mejor y pude tomar más tranquilo, aunque igual tomé con moderación todos los días.


Las noches frías
El único lío de las últimas dos noches fue el frío tenaz de la madrugada. La noche del viernes yo ni me desperté, porque estaba molido después de Sepultura y de tantos días enfermo. Cata sí se despertó y pasó una mala noche, hasta las toallas usó para cubrirse.
El sábado, por tomar cerveza tan tarde, nos dieron ganas de ir al baño en plena madrugada y tuvimos que salir a los portátiles. El frío era impresionante y los baños estaban en pésimo estado, pero igual tocó usarlos. Si van, tomen en serio lo de la cobija extra que les recomendé en la guía.
Domingo: todo se acaba de golpe
El domingo nos despertamos a eso de las 9:30 y, para nuestra sorpresa, al salir de la carpa ya mucha gente se estaba yendo. Fuimos a la zona de duchas y sanitarios y ya estaba cerrada, al parecer empiezan a recoger todo en cuanto se acaban las bandas. Tampoco había dónde comprar comida.
Nos cambiamos, recogimos el reguero que teníamos, devolvimos la linterna, hicimos el “check-out” y alistamos maletas. En el parqueadero estaban los buses que nos llevaron de vuelta a Itzehoe, por el mismo camino por el que habíamos llegado el martes.
Conclusión
Seis días, una gripa que no me soltó, unas duchas para las que nadie me preparó y madrugadas en las que el frío no perdonaba. Aun así, la experiencia en el Wacken fue una de las más maravillosas de nuestras vidas. Ver en un solo fin de semana bandas que llevaba años queriendo ver, descubrir otras nuevas y vivir el ambiente del camping es algo que no se compara con ningún festival al que haya ido antes.
Si están pensando en ir, vayan. Lleven cobija, bloqueador y algo de paciencia para los baños.
